sábado, agosto 13, 2011

¿Me amas?

Mi amado sobrepasa mi entendimiento, mi alma, cautiva, persigue su luz desde la penumbra.
Y llega y alumbra al punto de cegarme, y veo que no merezco siquiera su mirada, pero me mira.
Me mira, y como si escuchara el tercer canto del gallo, me desmorono en llanto.
Pero me vuelve a mirar y aún traspasando mi vergüenza solo pregunta: ¿me amas?

martes, julio 19, 2011

Cambio.

Un cambio, nuevamente un cambio. Tomo un taxi para dejarme atras, perderme y encontrarte.
Y encuentro que Tu rostro es mas hermoso que el robado abril que nunca guardé en el cajón.
Tu voz me avanza y anima más que los perros que ladran cuando me digo y alardeo que cabalgo.
Tu mano mas firme que mi miedo a la libertad y mi busqueda de sentido.
Y que vives, aunque me griten que has muerto y que estoy a merced de mi lobo estepario.
Un cambio, "metanoia". Porque te has acercado. Porque estoy de nuevo aqui.

miércoles, junio 15, 2011

Gloria

Sobrecogido por la pequeñez del orden
de lo invisible explota una majestuosa creación
tres corazones, y el poder de una fuerza
Aliento, Palabra y Autoridad
todas las cosas en Ti
y has visto que es bueno.

Paredes de galaxias
Fractales microscópicos
procesos indescifrables
no hay nada al azar.

La fuerza del inmenso mar delimitada por pequeños granos de arena
la delicadeza del frágil grillo emitiendo sinfonías nocturnas
la insondable belleza del vanidoso pavorreal derribando argumentos darwinianos
la respuesta de un corazón herido a una presencia invisible, intangible, innegable.

¡Alma mía! ¡reconoce la gloria de Tu Señor!

miércoles, mayo 25, 2011

Entre los cielos

Mas que un cuerpo soy, en todo momento. Tesoro invaluable en un vaso de barro, frágil y eterno, quebrantable y mortal. Mas allá de mi estoy, pero necesito ojos muy abiertos para saber que en todo, soy totalmente barro y totalmente soplo de vida. Imposible separar el domingo por la mañana del correo por la tarde, las gracias por la comida de los billetes por la cena. Mi cuerpo carga la oración, mi espíritu necesita alimento. Entre los cielos camino. Todo es natural, todo es espiritual.

viernes, abril 29, 2011

Siempre

Aún en tu silencio gritas con ensordecedora voz,
tu suave murmullo llega hasta el escondido oído:
gota a gota, sereno, paciente, sin pausa;
integralmente acomodas las piezas con paciencia,
una a una, o todas a la vez, tal que miles de planes pasan.
Y aún tu propósito prevalece.
Me abrazas en mi forcejeo, me calmas.
Esperas con seguridad que mi llanto reblandezca la tierra endurecida.
Y cuando las lágrimas hacen una pausa,
puedo ver que estas ahí, siempre estuviste ahí.

martes, abril 12, 2011

... y empecé a adorar

El cielo parecía cada vez más gris, los olivos que hace unos días parecían guerreros centinelas que nos protegería de cualquier gigante, después fueron tristes recuerdos de un sueño no cumplido. El viento que venía del mar solía empujarnos desde el oeste a enfrentar hasta al mismo Cesar, y poco después  no era más que un bochornoso aroma a sal…  Alguna vez mencionó la sal como algo bueno, recuerdo que cuando nos comparó con sal me quedé un tiempo tratando de descifrar qué significaba; después, aún sin descifrarlo, me convencí que algo bueno debería de ser.

Pensé que todo estaba sucediendo para bien, me aferré a aquel hombre como si fuera lo único que tuviera en el mundo, y de hecho así era, mirando hacia atrás ya no tenía casa, ya no tenía familia, ya no tenía trabajo, ya no tenía nada más, solo a este hombre y aquella ilusión de conquista, de éxito, de libertad; y más que una ilusión era todo aquello, era algo real, tangible, yo lo vi con mis ojos, vi como las vidas eran transformadas, vi lo que nadie jamás había visto antes. ¡Algo grande, mucho más grande que yo y que cualquier cantidad de patriotas frustrados estaba a la vuelta de la esquina! ¡La verdad, la libertad, el cumplimiento de la promesa! Ya después tendría tiempo de repensar mi vida, ahora, ¡esto era más importante que mi vida misma!... Y de pronto…

Un arresto,  golpes, maltratos, todos huimos, corrimos como ratas, traicionamos y sentimos la traición, la fortaleza aparentemente indestructible que habíamos construido sin manos, solo acompañándolo, era derribada, nuestras armaduras deshechas, y nuestro baluarte…,

Nuestro libertador…,

Nuestra esperanza……

Perdón, pero no sé que hay en mi corazón: si tristeza, si irritación, si frustración, si enojo, si desesperanza.
Lo construido en meses, en años; entre tempestades, multitudes, risas, llantos, aplausos, críticas, milagros y soluciones simples a problemas eternos; fue destruido en una noche, una noche de miedo, una noche de soledad, una noche de escape, una noche de alaridos que penetraban las paredes y desde lo alto caían como meteoritos en nuestra culpabilidad, en nuestro terror, en nuestra parálisis, en nuestra cobardía.
¿Qué hubiera sido si alguien se hubiera levantado en defensa? Nunca lo sabré.

En fin, aquel día decidí irme de aquí, Cleofas y su amigo me dijeron que irían al este, a Emaús, yo sinceramente no quería saber más de nada ni de nadie que me recordara los últimos meses, así que decidí viajar lejos, al este, quizá más allá del Jordán.

Algo pasó por mi cabeza que decidí, antes de olvidarme por completo de todo, despedirme de algunos amigos. Llegué al aposento en medio de una gran confusión, algo había pasado con la tristeza enmudecedora de unas horas antes: ahora había gritos, lágrimas, discusiones,  gente yendo y viniendo, algunos de los doce no estaban, entre ellos Pedro y Juan, creo que Tomás.

Magdalena no dejaba de llorar, María, la de Jacobo, no dejaba de hablar pero no recuerdo haber entendido una palabra. Juana estaba en un rincón, como ida, como perdida. Y fue como lo escuché por primera vez, José se acercó, seguramente motivado por mi cara de asombro en el umbral de la puerta, y me dijo que el sepulcro había amanecido vacío, en principio me encolericé contra el sanedrín más de lo que ya estaba, “¡¿Qué no tienen compasión?!” Grité, y casi inmediatamente él me corrigió: “No fueron ellos” dijo, “ni los romanos”.

Cuando empezó con aquello de los dos ángeles y el terremoto mi mente comenzó a divagar. No podía creerlo. Estos que habían sido mis amigos habían perdido la cabeza, la histeria se había apoderado de ellos y se contaban historias fantásticas unos a otros. Entonces regresaron Pedro y Juan. “¡Es verdad!” gritaron de tal modo que todos escuchamos, las discusiones terminaron súbitamente, el llanto aumentó. Y muchos seguimos sin creer.

El silencio se apoderó de todos nosotros, solo unos susurros por aquí y otros por allá, y así llegó la noche.
Tomás no llegó, los otros diez estaban juntos, casi cerrando un círculo con algunas de las mujeres, recuerdo a María, Su madre y a Magdalena. Los demás estábamos por todos lados, en grupos de tres, de dos, o solos. Nada podría hacerme creer aquello, pero aún así no sabía que pensar. ¿Quién habría sido capaz de armar algo así?, ¿con qué propósito?

Entonces llegó la luz, la interminable luz. Él entro sin haber abierto la puerta, habló con autoridad, pero el peso de Su Gloria me golpeó en la razón, no recuerdo sus palabras. Solo recuerdo que sonrió, habló, y comió.

Y solo recuerdo que mi cuerpo cayó de rodillas…

...y empecé a adorar.

lunes, abril 11, 2011

Bautizo.

Muerte, cada día un poco.
Dolor, poco en el cuerpo, mucho en el alma.
Me pierdo cada día, desvanezco, me separo de mi.
¡Ah!, ¡que refrescante!
Te encuentro, apareces, te unes a mi.
Paz, inundando el alma, infinita en mi espíritu.
¡Vida!, abundante y eterna.